Ecos de Pravia

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Cementerio viejo o de Garonda

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Revista "Asturias, 15 de diciembre de 1915.

Revista “Asturias, 15 de diciembre de 1915.

“Como no comas, vas a ir para Garonda” era lo que se oía en las casas de los niños que comían poco o mal. Garonda hacía referencia al cementerio municipal de la parroquia de Pravia, que tomó su nombre de lugar en el que estaba. Su historia se puede reconstruir por algunos expedientes que se conservan en el Archivo Histórico Municipal (Proyecto de ensanche del cementerio de la villa de Pravia 1907-1911, caja 404, exp. 2; Adquisición de terrenos para la ampliación del cementerio, 1908-1909, caja 418, exp. 16; Subasta del primer trozo de las obras de ampliación del cementerio, 1911, caja 270, exp. 8; Proyecto de construcción de cementerio para la villa de Pravia, 1937, caja 404, exp. 5; Proyecto de cementerio en la villa de Pravia, 1957, caja 404, exp. 6; Libro de actas de sesiones plenarias, 1954-1961, libro 23)

La información más completa que tenemos es la relativa al proyecto de ampliación del cementerio, durante el periodo 1907-1911, siendo alcalde Sabino Moutas y Bernaldo de Quirós. Por esos documentos sabemos que hubo un primer intento de ampliación ya en 1885, según proyecto de Luis Martí, frustrado “en la forma y condiciones que habían sido proyectadas por falta de recursos en el erario municipal y tan solo se construyeron las de más urgente necesidad como los muros de cierre, la parte de las sepulturas y casa de autopsias emplazadas en la disposición que representamos [en los planos].”

El acuerdo de ampliación del cementerio municipal se toma en la sesión del Pleno de 21 de febrero de 1907, donde también se decide encargar el proyecto al ingeniero Antero Coronas y Conde y se nombra una comisión para el asunto integrada por los concejales Manuel Marcos Solis, Luis Longoria y Manuel García López. Éstos quedan encargados de negociar el precio de las fincas necesarias para la ampliación. Los propietarios de las fincas eran Florentino García Marqués, José Fernández, Emilia Pérez y las hermanas Isabel y Carmen Cuervo. Con ellos se acuerda el precio de 1,5o pesetas el metro cuadrado, “precio no excesivo y más bien justo si se tiene en cuenta el valor de los predios dedicados a cultivo de primera , como ocurre con los que se trata de adquirir”. No obstante los acuerdos con los propietarios y la ausencia de reclamaciones, el Ministerio de la Gobernación obligó a la expropiación forzosa de los terrenos porque los dueños no tenían el título de propiedad de los mismos y se negaron además a obtenerlo.

Las razones que hacían necesaria la ampliación quedan expuestas en el Informe de la Junta Municipal de Sanidad, fechado el 4 de marzo de 1907 y presentado por Eduardo Orche, médico municipal de Pravia y Maximiliano Orts, subdelegado de medicina del partido judicial y médico municipal de Pravia. 

“(…) El actual camposanto es insuficiente para verificar en él los enterramientos que hoy ocurren en esta parroquia, que debido a la clausura del cementerio de Agones, y al aumento progresivo de población, alcanzan un número mayor de doble al de los que se verificaban hace veinte años. Y su insuficiencia se demuestra con sólo consignar que en la parroquia ocurren ochenta y dos defunciones anuales, según se acredita con certificación del juzgado municipal, y en el cementerio en el que se verifican las inhumaciones sólo cuenta una extensión superficial de mil cuatrocientos setenta y seis metros cuadrados, de los que descontando las sepulturas vendidas a perpetuidad sólo quedan unos setecientos ocho para los enterramientos comunes, dando lugar tan reducido espacio a que en la actualidad se verifiquen enterramientos en cuarteles que no hace aún cinco años fueron ocupados por otras inhumaciones, vulnerando reglas de la más rudimentaria higiene, y disposiciones que rigen en la materia.
El emplazamiento del actual cementerio es insustituible, y su posición topográfica la mejor que se pudiera elegir, dista más de quinientos metros de la población, cuenta con buena orientación puesto que situado al sur de ésta, los vientos reinantes en la localidad del primer cuadrante son los contrarios a su posición, se halla alejado de los ríos, arroyos y manantiales, sin que ninguna población pueda perjudicarles, y las condiciones geológicas del terreno son excelentes, por ser éste calizo, con una capa de hierro removible de mucho espesor, muy permeable y con un ligero declive en su superficie. Cuenta también el actual cementerio con un buen camino, y diferentes vías que a él afluyen le ponen en comunicación con los pueblos de la parroquia sin necesidad de penetrar en la villa.
El ensanche debe de verificarse por la parte sur del actual cementerio, ya porque es la opuesta con relación a la población, ya que por la norte y oeste se halla rodeado de caminos y por el este se acercaría más a aquella. Como muy bien propone la Junta de Sanidad la zona de ensanche debe contar con una superficie de tres mil metros cuadrados a lo menos, a fin de que unido a la de mil cuatrocientos setenta y seis de que hoy se dispone, formen una total de cuatro mil cuatrocientos ochenta y seis, más que suficiente a llenar todas las necesidades de este servicio municipal por un espacio mayor de veinte años.”

La gestión municipal provocó tensiones con el poder eclesiástico local, encarnado en la figura del párroco arcipreste Eulogio Suárez Méndez que, requerido por el Ayuntamiento para que informara sobre el proyecto, responde con el siguiente oficio, de 28 de julio de 1907, en la que se niega a emitirlo a pesar de no encontrar reparo en él porque no le habían consultado durante la elaboración del expediente:

“Apreciando como una injustificada desconsideración el que por parte de esa corporación municipal se venga instruyendo desde el 25 de febrero último, un expediente de ampliación del cementerio parroquial de Pravia, sin intervención alguna del párroco de la localidad, del cual se ha prescindido en absoluto hasta el 25 del corriente en que, a medio de oficio, se le pide como por mera fórmula su dictamen cuando ya se hallan , según de público consta demarcados y peritados los terrenos que han de ocuparse para el ensanche, hechos los oportunos planos y presupuestos para la obra, y hasta expirado con creces el plazo de reclamaciones fijado por edictos que publicó el “Boletín Oficial de la Provincia”, con fecha 18 del próximo pasado junio, tengo el sentimiento de manifestar a usted que sin que esto signifique por mi parte oposición al proyecto, no considero procedente emitir mi dictamen en la forma en que se me pide, por su atenta comunicación de fecha 25 del corriente, que he recibido hoy.”

El proyecto de Antero Coronas estaba presupuestado en 47.468,11 pesetas “con inclusión del terreno que se ha de expropiar, cantidad que al municipio no le es posible invertir en esta atención en un solo ejercicio, teniendo en cuenta los recursos con que hoy cuenta, obras que, por otra parte, exigen un espacio de tiempo mayor a un año y que por esta razón procede se dividan las que se proyectan en trozos o sección e incluir el importe de cada una en presupuestos sucesivos, debiendo tenerse en cuenta las más perentorias y los ingresos que el municipio en cada año debe dedicar a esta atención.”

Desconocemos los motivos por los que la ampliación quedó en suspenso, al menos hasta 1911, cuando, en la sesión plenaria de 22 de julio de ese año, se acuerda que ““en vista de las circunstancias en que se encuentran algunas naciones vecinas nuestras infectadas por el cólera morbo asiático, y ante el temor de que pudiera presentarse tan temible epidemia en nuestra España y la urgencia de proceder a la ampliación del cementerio de esta villa por no existir espacio libre ya en el actual para verificar enterramientos, creía llegado el momento de que sin pérdida de tiempo se adquieran y satisfagan los terrenos que comprende la referida ampliación y proceder a la subasta de las obras de cerramiento con toda la brevedad posible.”

Y así se hizo. Se aprueba el pliego de condiciones y se designa al letrado Pedro Menéndez Conde para el bastanteo de poderes. La subasta para la adjudicación de las obras se celebró el 22 de octubre de 1911 y se presentaron Ramón Jañez Avella (5.200 pesetas), Severo Cimadevilla Saavedra (5.350 pesetas) y José Álvarez Valle (4.890 pesetas), vecino de Manzaneda, en el concejo de Oviedo, al que se le adjudica la obra. Como se puede ver, la ampliación fue mucho más modesta de lo que se había proyectado y por razones de fuerza mayor.

La siguiente noticia es ya de junio de 1937, siendo alcalde de la zona controlada por los sublevados Enrique Casares Trelles, aún en plena guerra civil y con el Nalón como línea de frente, cuando se le encarga al arquitecto municipal, Leopoldo Corugedo, un nuevo proyecto de ampliación del cementerio, que se presupuestó en 15.076,15 pesetas. En enero de 1938 Santiago López Fernández ocupa la alcaldía y, ante las muchas necesidades, decide priorizar la reconstrucción de la villa una vez caído el frente norte y abandonar la ampliación. Según nuestros tertulianos, a los que protestaron por la decisión les contestaba que “es mejor hacer jardines que no cementerios”.

Más interesante es el proyecto de construcción de un nuevo cementerio, en Corralinos, firmado por el arquitecto Muñiz Uribe, que, tras la muerte de Corugedo, ocupó de forma “oficiosa” su puesto. Así lo cuenta en la memoria presentada, que daba un presupuesto de 1.406.609,56 pesetas:

“El crecimiento rápido de la villa de Pravia exige la creación de un nuevo cementerio suficientemente alejado del casco urbano que nos garantice la posibilidad de expansión dela población durante un largo periodo de años; por otra parte se consigue, a largo plazo, disponer de los terrenos que actualmente ocupa, que ya en la actualidad quedan enclavados en el ensanche de Pravia.
El nuevo cementerio se emplaza en la localidad, denominada Corralinos, a unos dos kilómetros de Pravia; es un terreno de naturaleza adecuada para los fines que se destina, con ligera pendiente y suficientemente alejado de todo núcleo de población; existe además un camino de acceso de anchura suficiente que le une con Pravia.
Se proyecta, aproximadamente en el centro del cementerio una capilla de carácter adaptado a la región. Se distribuye la totalidad del cementerio en islas de unos trescientos cincuenta metros cuadrados separadas por calles de tres cincuenta metros de anchura; se estudia la disposición de sepulturas de manera que la totalidad de las calles queden bordeadas con panteones. Adosados a los dos muros laterales se construyen osarios de propiedad particular; en la parte central del muro del fondo se dispone un osario común. En la proximidad de la puerta de entrada se prevé el depósito de cadáveres y sala de autopsias; desde ésta hay una salida al cementerio civil de reducidas dimensiones. Este cementerio civil dispone, además de otra entrada directa desde el camino. El acceso principal al cementerio tiene lugar mediante un ensanchamiento enlosado de piedra natural, con una puerta metálica de acuerdo con la dignidad que corresponde a este lugar.
Se disponen masas de arbolado cerrando las perspectivas de los caminos; asimismo las tapias y zonas verdes que bordean la vía principal de acceso impiden la visibilidad de las tumbas desde el camino.”

El proyecto de Muñiz Uribe no llegó a término, entre cosas, porque éste dejó de prestar sus servicios al ayuntamiento en 1958, pero el problema seguía latente, por ejemplo leemos, en el acta de la sesión de 16 de octubre de 1958, que se acuerda “contratar con D. Celestino Bernardo la construcción de treinta y dos nichos en el cementerio municipal, di dimensiones y características análogas a los actualmente existentes por no haber en la actualidad ninguno disponible por el precio alzado de diez mil pesetas”. Y el problema sería cada vez mayor, si pensamos que son años de un gran aumento de población que necesitaba expandirse y lo hacía en dirección al cementerio.

Finalmente, se optó por construir un nuevo cementerio, bajo la advocación de San Andrés, entre Bances y Agones, durante el mandato de Manuel López de la Torre. Fue él quien decidió el nombre de San Andrés, en recuerdo del primitivo lugar de enterramiento sito en las inmediaciones de la antigua iglesia parroquial de Pravia. El nuevo cementerio se inauguró el 1 de noviembre de 1973, pero eso ya es otra historia…

 

Un pensamiento en “Cementerio viejo o de Garonda

  1. Parece ser que la frase de;: ” vale más construir jardines que cementerios “, no fue exactamente así. Sino que, al llegar al Ayuntamiento Santiago Lopez, el alcalde anterior, Enrique Casares, le reprochó que sólo pensase en jardines, a lo que Don Santiago le recordó, que, por el contrario, el pensaba, en exceso, en cementerios.
    Hay que recordar que, Enrique Casares fue un criminal de guerra, ya que en una pequeña población, como Pravia, durante su mandato, entre fallecidos en cárceles, desaparecidos, y fusilados, se paso de 200 victimas

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