Ecos de Pravia

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Biblioteca Pública Municipal de Pravia, los comienzos

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Algún intento debió de hacer el primer ayuntamiento de la República, para solicitar la apertura de una biblioteca municipal a tenor del oficio que encontramos procedente de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para Bibliotecas Públicas, fechado el 29 de noviembre de 1932, denegando tal posibilidad “porque siendo la finalidad de estas Bibliotecas desarrollar la lectura entre los adultos así como la de Misiones Pedagógicas entre los niños, no convendría a los fines que persigue esta Junta la confusión de ambas Bibliotecas.” Cómo no encontramos la solicitud del Ayuntamiento, no sabemos si es que ya existía una biblioteca de Misiones, que pretendían abrir una municipal y otra de Misiones… En fin, que habrá que seguir investigando.

La siguiente noticia que tenemos es un acuerdo del Pleno de 9 de marzo de 1940, en el que se decide “dejar pendiente de estudio la comunicación del Centro Coordinador de Bibliotecas en la que se interesa la cooperación económica municipal y otros extremos para la instalación de una biblioteca de carácter popular en esta localidad”.

Finalmente, la Biblioteca Pública Municipal de Pravia se inauguró el 18 de julio de 1949, “día de la exaltación del trabajo”, según reza la Memoria del Centro Coordinador de Bibliotecas de Asturias (años 1950-1951).  Asistieron al acto el Presidente y Vicepresidente de la Diputación Provincial, el Director y Secretario del Centro Coordinador de Bibliotecas de Asturias, el Alcalde de Pravia y las demás autoridades del Concejo. En él intervinieron Lorenzo Rodríguez Castellano, Director del Centro Coordinador, José María Palacios en nombre de José Ramón Suárez Fernández, indiano residente en Méjico, que había donado dinero para la adquisición de libros que se destinó a la compra de “pequeños lotes agrícolas, colocados en sendas cajas, para que circulen por los diversos pueblos del concejo a modo de Bibliotecas viajeras”, el Alcalde y Paulino Vigón Cortés, Presidente de la Diputación.

La misma Memoria da detalles del emplazamiento de la Biblioteca “en la planta baja de la Casa Consistorial”, tenía “4 mesas para lectores adultos y 2 para niños” y el “Encargado” disponía de “una bella mesa mesa-fichero, con cajones laterales por su parte interior.” Las estanterías eran de madera de pino, con una capacidad para 2.200 volúmenes. El lote fundacional fue enviado por la Junta de Adquisición y Distribución de Publicaciones del Ministerio de Educación Nacional y a él se le sumaron otros títulos procedentes del Ayuntamiento, entre los que se encontraba la enciclopedia Espasa y otros de muy variado carácter que iban desde presupuestos de la Diputación, pasando por anuarios estadísticos, memorias y libros de carácter político e histórico.

Sobre los usuarios, continúa la Memoria: “Los lectores más asiduos son los empleados y obreros, también utilizan la Biblioteca algunas personas que se dedican a estudios, así como las mujeres; éstas se interesan sobre todo por las revistas y por las obras de carácter literario, que leen en casa mediante el servicio de préstamo. La sección infantil tiene un gran rendimiento ya que los muchachos nunca faltan, sobre todo si se les dan obras adaptadas a sus especiales aficiones. En vista de ello se ha ampliado el horario que se les había fijado hasta ahora. Tal medida no perturba la lectura de las personas mayores porque éstas utilizan principalmente el servicio de préstamo.” El horario de apertura era, de lunes a viernes, de 18.00 a 21.00, y el jueves, además, por la mañana, de 10.30 a 12.30, por ser día de mercado.

En estos primeros años, se recibieron algunos donativos dignos de reseñar. En el año 1953,  se incorporaron al fondo setenta y seis títulos regalados por Jorge Luis Arango, Director de Cultura popular y Extensión artística del Ministerio de Educación Nacional de Colombia. También, las obras de Obdulio Barrera Arango, nacido en Campasola (Corralinos), en 1890, comisario de policía y escritor de drama y novela histórica, cuyas obras aún conservamos.

Los libros de ficción eran los más demandados y los autores preferidos eran Pearl S. Buck, Concha Espina, Dickens, Linares Becerra, Pombo Angulo, Cecil Roberts Du Maurier, Palacio Valdés y Nosotros los Rivero, de Dolores Medio. Entre las revistas destacan Mundo Hispánico y Semana.

El Centro Coordinador exigía la formación de una Junta de Biblioteca, “con el fin de tener en cada localidad un organismo asesor que colabore en la buena marcha de la institución bibliotecaria. Los miembros de este organismo son nombrados por el Centro Coordinador, previa consulta con el Ayuntamiento respectivo, y elegidos entre aquellas personas que se destaquen por su amor a los libros y a la cultura. Se procura, claro está, que todas las clases sociales tengan representación en esta Junta. No tiene funciones ejecutivas, sino sólo consultivas, pero así y todo cuando algunos de sus componentes son activos y están encariñados con la obra de la Biblioteca pueden realizar una valiosa labor de colaboración.
Servirá esta Junta para evitar que el Encargado se abandone en el servicio encomendado; interesará del Ayuntamiento y del Centro Coordinador las mejoras que, a su juicio, se deben introducir en la Biblioteca; procurará arbitrar recursos económicos, con los que sea posible incrementar los fondos bibliográficos, mediante veladas, rifas, etc.; propondrá programas de extensión cultural; formulará desideratas de libros, etc..” (Memoria del Centro Coordinador de Bibliotecas de Asturias 1949)

La Junta de la Biblioteca de Pravia se constituyó el 20 de enero de 1953, bajo la presidencia de Director del Centro Coordinador de Bibliotecas de Asturias, don Lorenzo Rodríguez Castellanos. Estaba formada por los vocales María Luisa López Fernández, Luis Meana Méndez (abogado), Primitivo Peláez García, José María García Suárez, Rafael Argüelles Díaz (designado por la Corporación), José Ramón Fernández Álvarez (empleado municipal, encargado de la Tesorería), José Barrera García, José Manuel Menéndez Grande y el propio Encargado de la Biblioteca, José Saavedra Revuelta, que actuaba como Secretario. En esta sesión se elige a Luis Meana Méndez como Presidente y a José Ramón Fernández Álvarez como Tesorero. Curiosamente se eligió para estos cargos a las dos únicas personas que no estaban presentes en la reunión.

En la siguiente reunión, el 3 de febrero de 1953, se acordó por unanimidad, una vez examinado el funcionamiento interno de la Biblioteca, el aumento de la cuota de la tarjeta de lector, “con el fin de aumentar el rendimiento de la Biblioteca, sus fondos bibliográficos, y mejorar al mismo tiempo sus instalaciones.” En la sesión de 2 de marzo de 1953 cuando se detalla la cantidad que queda fijada en 10 pesetas anuales, a abonar en dos plazos. Esta decisión motivó un cruce de cartas con Rodríguez Castellanos que pensaba que tal incremento de la cuota llevaría a los lectores a pensar que se pretendía hacer negocio con la Biblioteca. No obstante la Junta se ratificó en su decisión por considerar que la decisión no restaba lectores pues tenía como único fin mejorar el servicio y además era la única fuente de ingresos de que se disponía.

De cómo funcionaba la Junta, tenemos un testimonio del bibliotecario, José Saavedra Revuelta, recogido de la memoria de 1957: “Se observará también que la actividad de la Junta de la Biblioteca es pequeña, pues no se celebran ni reuniones, ni conferencias, ni fiestas, pero esto es debido a la psicología del pueblo, cualquier Junta haría lo mismo, les interesa más el cine y los bares que cualquier acto cultural; he intentado con un margen muy amplio de tiempo organizar los actos para la Fiesta del Libro y después de presentarles un programa, no sólo lo redujeron a la mínima expresión, sino que a la hora de ponerlo en práctica nada hicieron y solo por indicación del Sr. Director del Centro Coordinador de Bibliotecas se adjudicaron unos premios en libros a la sección infantil y se proyectaron unos documentales.”

La Junta funcionó, al menos, hasta los primeros años ochenta del pasado siglo, aunque la última anotación del libro de actas es del 20 abril de 1970,  y recoge un inventario realizado en presencia de José Saavedra Revuelta, ya jubilado por edad, con el resultado que se transcribe:

“Existencia en metálico según Libreta de la Caja de Ahorros de Asturias. – once mil seis pesetas con diez y seis céntimos.
Volúmenes inventariados según los libros de registro, propiedad de la Biblioteca. _ Cinco mil setecientos treinta, incluidos los de las Bibliotecas volantes.
Un tocadiscos y tres cursos de idiomas (Inglés, Francés y Alemán) con discos, en total, doce discos y los textos correspondientes.
El mobiliario y los demás enseres propiedad de la Biblioteca, según las donaciones realizadas hasta la fecha y que son: Mesa del encargado y silla, siete mesas lectura y cuarenta y seis sillas, un armario, un perchero y una estantería de revistas, estantería Biblioteca de ocho estantes y el lateral derecho en toda su magnitud, una estufa eléctrica y una escalera de tres peldaños.”

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