Ecos de Pravia

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El santísimo Cristo de la Misericordia

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En Vía, 3ª época de la Hoja Parroquial de Pravia, núm. 1309, de 31 de agosto de 1958, se congratula el entonces Cronista Oficial de Pravia y su Concejo,  Manuel López de la Torre, de la restauración de la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, ante cuya imagen “se postraron de hinojos a través de los siglos, generaciones y generaciones de seres que ya no pertenecen al mundo de los vivos, pero que también amaron grandemente a su dilecta tierra praviana.
Nosotros, gozosos, anunciamos a los lectores que muy pronto la admirable figura del Santísimo Cristo de la Misericordia tendrá su ermita, contigua a la del Valle, donde quedará expuesta a la veneración pública.”

Aunque la ermita nunca llegó a construirse y hoy está en la capilla de San Antonio, aneja a la Colegiata, el artículo es de gran interés porque aporta varias imágenes que nos permiten ver el estado ruinoso la talla, que, más allá de la devoción que resalta don Manuel, es uno de los grandes tesoros artísticos del concejo.

Según el Cronista, la imagen tenía altar y retablo en la desaparecida iglesia parroquial de San Andrés, al lado del Evangelio, entre la pila bautismal y la puerta de la capilla de Santa Catalina. No se pudo recuperar la cruz original, así que la que hoy contemplamos es obra del restaurador.

La pieza formó parte de la exposición Orígenes, arte y cultura en Asturias, siglo VII-XV (Oviedo, del 11 de agosto al 30 de noviembre de 1992), en cuyo catálogo (p. 387) encontramos la siguiente descripción de Jaime Díaz García:

El Santísimo Cristo de la Misericordia antes de la restauración, Vía, 31 de agosto de 1958.

“Es una de las piezas de mayor calidad artística y estética de cuantas se conservan en Asturias. Presenta una tipología excepcional dentro del conjunto de obras de similar temática, representando un momento bastante evolucionado dentro de la transición del románico al gótico. Aparece crucificado con tres calvos, las palmas de las manos extendidas. Su canon es de cinco cabezas, bastante proporcionado y cercano al tamaño natural. Destaca por su anatomía adelgazada, que pone en evidencia el sufrimiento en la cruz y por tanto la nueva óptica con la que se analizaba la figura de Cristo crucificado.

El Santísimo Cristo de la Misericordia antes de la restauración, Vía, 31 de agosto de 1958.

Su cabello largo cae sobre la nuca, tallado y policromado. Su fisonomía es de rasgos muy marcados, como las orejas, nariz y esos ojos cerrados y almendrados. Su rostro sereno expresa todavía una profunda placidez que evoca directamente el recuerdo de la estética románica. El artista, usando un lenguaje arcaizante, ha querido poner de manifiesto el momento de la muerte, con la cabeza de Cristo ligeramente ladeada tras haber perdido el último aliento de vida.

La barba está tallada en rizos, adoptando una posición simétrica y dejando una pequeña porción de la barbilla al descubierto. Su cuello se encuentra bastante destacado y a pesar de ladear la cabeza hacia un lado, éste aún permanece rígido, como signo todavía de arcaísmo. Carece de corona real, luciendo una de espinas formada por un cordón trenzado en el que se insertan largas púas entretejidas en los cabos.

El Santísimo Cristo de la Misericordia antes de la restauración, Vía, 31 de agosto de 1958.

El tratamiento del tórax es bastante naturalista, con los pectorales bien marcados, incluso el esternón y el ombligo. Marca también exageradamente las costillas. Sus piernas, delgadas por las penalidades sufridas, dejan ver la forma de la tibia, expresando la delgadez. Los tendones de los brazos se encuentran ligeramente tensos, en un deseo conceptual de mostrar el esfuerzo de sostener el peso del cuerpo en la cruz.

Se ha concedido especial interés al perizonium, [así se conoce al paño que sirvió para cubrir, por pudor, la desnudez de Jesús de Nazaret] que llega hasta las rodillas, con pliegues muy naturales y espontáneos que dejan ver la posición de las piernas bajo el manto. Va ceñido por un cinturón atado en su punto medio.”

José Antonio Martínez González recoge, en Una fiesta milenaria: Santísimo Cristo de la Misericordia de Pravia (Asociación Cultural Manuel López de la Torre, 2003), la leyenda de cómo un pastor encontró, flotando en el río, la imagen de un “Crucificado”. Quiso alcanzarla y, tras muchos intentos, fue incapaz de hacerlo, hasta que apareció un otro pastor, desconocido, que se ofreció a ayudarlo. Para este último la tarea fue sencilla. Auxiliado de una vara ligera y flexible extrajo la imagen con facilidad. Nadie supo de dónde venían ni la imagen, ni el nuevo pastor, por lo que se consideró un milagro la aparición del Cristo y al anónimo pastor, un ángel.

 

 

 

 

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