Ecos de Pravia

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Ensanche de la calle de San Antonio

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La primera noticia que tenemos del ensanche de la calle de San Antonio aparece en el decenario Pravia, el 20 de mayo de 1925, en un artículo titulado “Una conversación interesante”: Un amigo nuestro, que además de ser persona culta, reúne las bellas cualidades de ser un trabajador activo y un praviano de corazón, nos invitó el otro día a tomar las once en casa de Adelaida, donde se despachan las tan riquísimas rosquillas rellenas, que son especialidad de la casa, y como nosotros somos finos y atentos y nos gustan las llambiadas, aceptamos el obsequio, aparte del placer de saborear la hojaldre, por escuchar de labios de nuestro convecino, los proyectos, que desde hace tiempo acaricia. 
Sentados frente a frente dimos fin a una bandeja de rellenas y comienzo a nuestra conversación… 
Varios son los proyectos que tiene en cartera este praviano, tan amante de su pueblo. (…)
Tercero: ensanche, dos metros, de la calle de San Antonio desde la plaza, retirando las casas que hoy ocupan la Banca de Andrés Álvarez Prada, el León de Oro, Hospital y Capilla de San Antonio, haciendo donde hoy es el Fielato, la Gran Plaza que a gritos está pidiendo aquella barriada. (…)
Pravia necesita a todo trance estas reformas. El movimiento que hoy tiene la villa es inusitado; es excesivo, para como están hoy sus vías.
Esa calle de San Antonio es un continuo peligro para el viandante. Dos coches, pasan malamente. 
No tenemos más que una acera; y frente a la Capilla, está el desnivel que tiene el pavimento que es milagroso que no haya más desgracias.

La calle de San Antonio tiene su origen en un antiguo camino que comunicaba la puerta del Cai, emplazada aproximadamente en lo que hoy es la Plaza de María Cristina, con la iglesia parroquial de San Andrés, situada originalmente extramuros. Históricamente, es la principal arteria de la villa, por donde entraban mercancías y viajeros, de ahí su desarrollo comercial.

A comienzos del siglo XX, son frecuentes en la prensa local las quejas por el lamentable estado de la calle y por su incapacidad para absorber el tráfico de vehículos. Se describe como misérrima calleja, principal vía de acceso a nuestra villa (El Sol de Pravia, 20 de marzo de 1929) y se critica la disposición actual de la calle de San Antonio, con cinco metros de anchura en el emboque con la plaza, y aún menor en el frente de la fonda del León de Oro (El Sol de Pravia, 10 de abril de 1929).

El expediente de ensanche de la calle (Archivo Histórico Municipal de Pravia, 394/3) está fechado entre 1928 y 1931, aunque sabemos que la última fase no se ejecutó antes de 1934. El asunto empezó a merecer la atención de la opinión pública praviana tras la publicación, en La Voz de Asturias (20 de noviembre de 1928) de un artículo del que podemos deducir que fue la decisión de José Martínez Bances, El Cuco, de construir dos casas en la “Huerta del Palomar” lo que decidió a la corporación municipal a acometer la reforma. El texto dice así:

Tenía lugar la conversación en un Centro de recreo y después de la media noche. Un socio, asiduo concurrente lanzó la idea, que defendió fogosamente, de ser muy del caso pensar en la ampliación de la calle de San Antonio aprovechando la coyuntura del proyecto del nuevo dueño de un solar contiguo, de construir dos edificios con su frente a la expresada calle.
Se generalizó la discusión, a base de la utilidad y oportunidad de realizar pensamiento semejante, sin duda en grande y presagio de una muy importante mejora en la que podemos llamar la casi única vía de entrada al corazón de la villa de Pravia. Pues no es nada una anchura de doce metros. 
Se planeaba el derribo de cuatro casas y una capilla, y las cifras de su costo eran más o menos elevadas según la fantasía de cada interlocutor.
Estaba presente un funcionario municipal que aunque parecía dormitar, su estado de vigilia lo revelaba bien a las claras la sonrisa sarcástica que asomaba a sus labios, no exenta de cierto aire de presunción.
Que si la expropiación de los edificios representaría veinticinco mil duros, treinta mil, etc.; que si el ensanche procedía hacerlo por la derecha o por la mano izquierda; que si los propietarios darían o no facilidades para tamaña obra, fueron tantos temas discutidos en alta voz, sin que hubiera una coincidencia de pareceres.
¿Merece que el caso se estudie? Doctores tiene, etc. pero ahora o nunca, ya que si las casas en proyecto se construyen, despedirse para siempre. 
Y tal como lo oí relatar, lo cuento.

Diez días después, el 30 de noviembre de 1928, El Sol de Pravia (núm. 42,) se hacía eco del artículo en otro titulado “Cómo de una charla en un centro de recreo puede surgir un proyecto digno de estudiarse” y añadía nombres propios a la historia. El promotor de los nuevos edificios era José Martínez Bances, pero la obra afectaba también a la casa de los Sres. de Casielles y la de la fonda El León de Oro y exigía la desaparición de la caseta de consumos; ese prodigio arquitectónico que ya hemos zarandado varias veces en estas columnas. El derribo proseguiría a expensas de la capilla de San Antonio y edificio Hospital…

El asunto, por la extraordinaria importancia que reviste la idea de llevar a cabo el ensanche de la calle de San Antonio según diligencia que consta en el expediente, se llevó a la sesión plenaria de 25 de diciembre de 1928 en la que se acordó por unanimidad fijar a la calle de San Antonio una anchura de diez metros, y en su consecuencia que tanto el edificio que proyecta el Sr. Martínez Bances como los que se construyan o reformen por el lado izquierdo de la expresada calle, partiendo de la esquina de la plaza del Conde de Guadalhorce hasta la caseta de consumos digo de arbitrios municipales, no puedan emplazarse sin guardar la distancia mínima de diez metros al lado opuesto de la calle. En la imagen de la derecha, las obras de los edificios de José Martínez Bances en sus inicios.

En abril de 1929, las diversas cuestiones y no poco laboriosas que fueron necesarias para hacer viable el aludido proyecto, según el acta del Pleno de 4 de dicho mes y año, estaban ya bastante avanzadas, pues se acuerda que el ancho de la calle será de doce metros, aunque hay algunos puntos donde el ancho es ligeramente menor, y que se expropiarán los edificios y patios de las casas de Doña Teresa Álvarez Prada y de Don Benito y Doña Dolores Casielles Moutas y terreno demarcado de la huerta del Palomar de D. José Martínez Bances. Lo más problemático de la negociación con los propietarios fue la expropiación de la casa de Teresa Álvarez Prada, porque ya funcionaba allí el Banco Herrero que había hecho mejoras en el edificio, lo que se resolvió incluyendo esos gastos que ya se habían hecho en la indemnización que correspondía la dueña por la expropiación. En la imagen, vemos aún sin derribar la casa de Álvarez Prada junto al nuevo edificio del Banco Herrero. Para afrontar estas expropiaciones y otras obras que se impulsaron en esta época como el alcantarillado, la nueva avenida al puente de Aloyas, el nuevo mercado de ganado y remate de algunos caminos vecinales y escuelas, el Ayuntamiento emitió, en marzo de 1930 y siendo alcalde Benito Casielles, un empréstito de mil obligaciones a quinientas pesetas cada una, de las que 167.380 se dedicaron a pagar las expropiaciones.

Las actuaciones municipales fueron muy bien recibidas por el público en general, como destaca El Sol de Pravia (20 de enero de 1930): A primera vista, era para asustar el intento. Parecía quimérico que la capacidad económica del Municpio fuera suficiente para abarcar tamaña empresa. (…) Tenemos que proclamar a todos los vientos el éxito alcanzado para hacer justicia al gesto gallardo del Ayuntamiento de Pravia por la rapidez y el acierto con que solucionó el problema de la amplitud de la calle de San Antonio en el sector principal, que abarca no menos del ochenta por ciento de la línea. Quedaba pues, por solucionar, el derribo del Hospital y Capilla de San Antonio, para lo que se propone que la disposición testamentaria de Carmen Miranda de Grado, que había dejado un importante legado para fines benéficos, de instrucción y otros de carácter religioso, se destinara, a través de un Patronato, a la construcción de un nuevo hospital benéfico asistencial que sustituyera al que había de ser derribado.

En 1933, según el expediente del Archivo Histórico Municipal de Pravia, empieza la tramitación de la última fase del ensanche, la más delicada pues afectaba a propiedades eclesiásticas, en un momento en que las nuevas autoridades republicanas acababan de aprobar la ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas. Ésta, además de otras medidas que no vienen al caso, nacionalizaba parte del patrimonio eclesiástico: templos, monasterios, seminarios… Una vez conseguida la enajenación de la Capilla, se negoció con el párroco, Manuel Méndez, la indemnización que se fijó un poco por debajo de sus pretensiones. Éste pedía 11.142,17 pesetas, advirtiendo que la campana así como el retablo y su peana no entran en la expropiación y serán de propiedad de la parroquial, cantidad que fue rebajada por el arquitecto municipal, Leopoldo Corujedo, a 9.099,69 pesetas. El derribo comenzó a finales de enero de 1935.

En ese mismo año se acometió la urbanización de la transversal que va de la calle de San Antonio a la carretera de Cudillero, hoy Travesía San Antonio, que había sido objeto de controversia con José Martínez Bances, en ese año ya con La Casa Grande en funcionamiento. Según el expediente del Archivo Histórico Municipal, el Ayuntamiento, en 1929 y a propuesta de Martínez Bances, aceptó abrir una travesía que enlazara la calle de San Antonio con la carretera de Cudillero comprometiéndose, previa cesión gratuita de los terrenos por don José, a urbanizarla. Según parece, la urbanización se dilató en el tiempo y la actuación se limitó a extender una capa de áridos. El resultado fue un camino intransitable, dada la pendiente, las condiciones climáticas, especialmente en invierno, y el tránsito de camiones con mercancías. El perjuicio para el negocio hizo que Martínez Bances exigiera al consistorio el cumplimiento de su compromiso. Tras disputas, impugnaciones y comisión de expertos, el Ayuntamiento tuvo que reconocer la obligación que había contraído en la sesión del 4 de abril de 1929 que le obligaba a dicha urbanización. La fotografía muestra el edificio de La Casa Grande ya construido y, al fondo a la izquierda, los restos de la casa de Álvarez Prada.

La calle de San Antonio poco después de terminar el ensanche.

 

 

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