Ecos de Pravia

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Un matrimonio por amor

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En la obra Nobleza y poder en la Asturias del Antiguo Régimen, de M.ª Ángeles Faya Díaz y Lidia Anes Fernández (KRK, 2007), leemos, que la política matrimonial seguida por la nobleza asturiana, como en el resto de España, tiende a ampliar las redes de influencia de la familia, a consolidar los mayorazgos y a engrandecer el patrimonio familiar, es decir, el matrimonio era, en esta época, una forma de “gestionar la empresa familiar”. Pero no siempre las cosas se desarrollaban según los intereses familiares, como sospechamos sucedió en el caso de don José de Hevia Miranda.

 

José de Hevia Miranda y Fernández Valdés Granda y González Valledor nació en Oviedo, el 11 de agosto de 1771. Pertenecía a una de las ramas de la antigua y noble familia de los Hevia, con origen en el concejo de Siero, aunque estos que nos interesan a nosotros tenían su casa, el palacio de Colmena, en Loriana, parroquia del concejo de Oviedo.

José era hijo de Ramón Antonio de Hevia Miranda y Granda, que había nacido en Oviedo el 15 de diciembre de 1739, que fue alcalde más antiguo de Casa y Corte, juez y caballero de la Orden de Carlos III, en la que ingresó en 1788, y de Josefa Javiera Fernández Valdés, natural de Ares, Galicia, donde fue bautizada el 3 de diciembre de 1753.

El escritor y magistrado Benito García Casielles Meana, que con el correr de los años se casará con la nieta de Ramón Antonio de Hevia Miranda, Isabel de Hevia Miranda, nos aporta interesante información en Casa de Hevia en Loriana: es libro de apuntes o memorias sobre los bienes que posee doña Isabel Hevia en la Parroquia de Lloriana y demás, con otros particulares de su autor (manuscrito, archivo personal de Paloma M. Casielles) :

Fue este[Ramón Antonio de Hevia Miranda y Granda] doctor de la Universidad de Oviedo, juez primero noble de esta ciudad, y abogado de su Colegio. Hubiéranse sin duda aumentado los bienes en sus manos, si hubiese sido menos vano y ambicioso; echándose de ver por las noticias que existen, que han reinado en él aquellas dos pasiones, como dominantes y exclusivas, subordinando a ellas todas sus acciones. Suya ha sido, y procedente de este principio, la adquisición de banco y sepultura en la Iglesia parroquial de Lloriana; y suyo también el empeño de que pasase por delante de la casa principal la procesión que en dicha parroquia se hace el día de S. Bartolomé 24 de agosto; cuyos particulares ha conseguido a fuerza de contiendas, amaños y litigios. Casado en 21 de junio de 1769 con doña Josefa Valdés y Valledor, según se dijo en el legajo número 1, tuvo en ella a don José, número 16 del árbol, y a doña Ramona, que falleció casada sin familia. Poco parece que sobrevivió aquella señora a su matrimonio con el don Ramón, pues en el año de 1779, vemos ya a éste en conciertos matrimoniales para casarse con doña Micaela Lorieri en Zaragoza. Se hallaba ya entonces de fiscal en la Audiencia de Barcelona; y según su carácter y carrera, le venía muy al propósito este enlace, por ser la expresada doña Micaela hija del marqués de Roda, presidente que ha sido del Consejo de Castilla. En efecto, muy luego salió a Alcalde de Casa y Corte, y sucesivamente a consejero en el supremo de la órdenes; y hubieralo sido del de Castilla del que tenía el sueldo y honores, si no fuera la incompatibilidad que ofrecía el destino de su suegro. En fin el don Ramón era verdaderamente hombre de Corte, y llegó a tener en ella bastante influjo, tanto por su suegro como pretendiente del consejo y de la cámara como por otras relaciones adquiridas con el Príncipe de la Paz y otros. Tuvo de su segundo matrimonio a don Ramón que es hoy canónigo de Sigüenza, y otras dos hijas célibes que gozan una pensión de 12.000 reales anuales. Parece que en los últimos años de su vida, ha sufrido muchos desaires y desazones, originados de su mujer harto liviana y orgullosa. Falleció pues en Madrid el año de 1799, víctima, a lo que presumo, de las pasiones que arriba le supusimos, pues si se hubiera ceñido a vivir con sus rentas y obvenciones de Abogacía y borla, tal vez sería más feliz en Oviedo cuidando de sus haciendas, que lo fue entre las vanidades de la Corte, a que le llamaba su ambición. 

El hijo varón del matrimonio formado por Ramón Hevia y Josefa Javiera Fernández Valdés, José Hevia Miranda, recibió una esmerada educación y fue preparado para hacer carrera en la Corte, como demuestra su ingreso, en 1779, ya huérfano de madre y con tan solo 8 años, en el Real Seminario de Nobles de Madrid, para que en él se le de la educación correspondiente a su calidad y circunstancias, según reza en la información testifical para acreditar nobleza, condición imprescindible para ser admitido en dicha institución. Podemos suponer que todo discurrió por sus cauces habituales, llegando a ingresar José en la Real Orden de Carlos III en el año de 1791.

La siguiente noticia de la que disponemos, es una carta, dirigida a Ramón Antonio de Hevia, fechada en Aranjuez, el 27 de abril de 1793, y firmada por el duque de la Alcudia, es decir, Manuel Godoy:

He recibido la carta de V.S. fecha de ayer, y me ha causado mucho sentimiento la alteración que experimenta V.S. en su salud, sin que haya sido bastante para impedirla y tranquilizar su espíritu, como yo esperaba, nuestra última conversación. No he tenido después otras noticias de don Josef, su hijo, pero puede V.S. estar asegurado de que, aunque la fragilidad propia de sus pocos años le haya expuesto a algún ligero extravío, esto no alterará de ningún modo el distinguido concepto que V.S. ha merecido hasta aquí a SS.MM. ni los efectos de su Real protección para con toda su familia. 

En 1793, José de Hevia Miranda era secretario de la embajada española en París y tenía 22 años. ¿Qué ligero extravío fue ese que amenazaba la fama y la fortuna de la familia? La respuesta está en otra carta, fechada, también en Aranjuez, en junio de 1797 y firmada por el mismo Godoy, esta vez como Príncipe de la Paz:

Por la carta de V.S. de 5 del corriente quedo enterado del prudente medio con que se ha declarado válido el matrimonio que contrajo en París su hijo don Josef con una inglesa; y de que tranquilizada la conciencia de V.S. con esta declaración, solo le queda el sentimiento, que es natural como padre por un procedimiento nada premeditado; pero que sin embargo contribuirá en cuanto le sea posible para que el referido pase a su destino. Las reflexiones que subministrarán a V.S. su talento, luces, y experiencias templarán el insinuado sentimiento; y desde luego puede V.S. disponer que su hijo emprender el viaje a San Petersburgo acompañado de su mujer.

Sabemos, por la correspondencia que mantuvo con Godoy, que José de Hevia estuvo destinado en San Petersburgo al menos hasta octubre de 1797. La inglesa en cuestión, con la que José de Hevia se había casado, en Versalles el 10 de mayo de 1795, claramente contra la voluntad de su padre, se llamaba Francisca Merrick. El matrimonio tuvo una única hija, Isabel, bautizada, también en Versalles, el 24 de mayo de 1795.

Es nuevamente Benito García Casielles Meana quien, en el manuscrito antes mencionado, nos ofrece una breve nota biográfica de José de Hevia: Mi suegro don José de Hevia recibió su educación el Seminario de Nobles de la Corte; y dedicado a la carrera diplomática, estuvo primero de joven de lenguas en la embajada de Londres, después en la de París donde le cogieron los disturbios de aquel reino, en cuya época contrajo su matrimonio según queda indicado en el legajo 1º; y finalmente fue destinado y agregado a la Secretaría de la embajada de San Petersburgo, de donde vuelto a Madrid, quedó cesante con una pensión de doce mil reales. A pesar de haberse visto en algunos apuros en la Corte, con motivo de la revolución de 1808 y demás, se ha empeñado en no volver a Asturias por una especie de vanidad semejante a la que dominó a su padre; y así falleció mozo aún en Madrid el año 816 según se dijo.

 

 

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