Ecos de Pravia

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Benito García Casielles Meana: primeros años y juventud

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Autorretrato de Benito García Casielles Meana en 1826. (Archivo de Paloma Martínez-Casielles)

La noticia más completa sobre Benito García Casielles Meana nos la ofrece Constantino Suárez Fernández, El Españolito, en Escritores y artistas asturianos: Magistrado y escritor de amplia cultura sobre temas jurídicos e históricos, que floreció en la primera mitad del siglo XIX. Nació en Oviedo el 21 de marzo de 1798, hijo de don Domingo de esos apellidos, que era administrador de Rentas Reales en la provincia, y de doña María del Carmen Meana y Granda.
Ingresó en la Facultad de Filosofía de la Universidad ovetense en 1812, y en ella obtuvo el grado de bachiller en esa disciplina tres años después. Cursó seguidamente los estudios de Jurisprudencia y alcanzó el grado de bachiller en Cánones y Leyes en 1818. Fue estudiante tan distinguido que, mientras proseguía esos estudios, de los que fue investido de licenciado en 1821, ejerció de profesor sustituto de Instituciones desde 1819, y prosiguió como tal hasta 1822. Posteriormente, y por espacio de un curso, tuvo a su cargo la cátedra de Literatura e Historia.
Ya licenciado, la Audiencia le declaró apto para ejercer la abogacía en agosto de 1821, y quedó incorporado al año siguiente al Colegio de Abogados ovetense. Actuó como abogado de pobres de 1823 al 24 y al año siguiente se le nombró juez noble de Oviedo, cargo en el que fue reelegido por otro año. Entonces (junio de 1926) fue recibido de abogado por los Reales Consejos. En el ejercicio de la abogacía permaneció hasta 1828 con crédito y prestigio crecientes, que le llevaron a desempeñar algunos otros cargos, mientras sus actividades de escritor sobre temas jurídicos e históricos y también como poeta, le dieron predicamento en las instituciones culturales ovetenses de esa época.
Dejó la ciudad natal en 1829 para ocupar el destino de alcalde mayor en el partido de Curiel (Valladolid), al que renunció en 1833 por motivos fundados en su estado de salud.

Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Tirso de Oviedo, el 22 de marzo de 1798 y recibió los nombres de Benito Antonio. Su padre fue Domingo Antonio García Casielles, natural de la parroquia de San Isidoro de Oviedo, que, según su hoja de servicio, fechada entre 1780 y 1825, era Oficial de la Contaduría de Rentas Generales y Tabaco de Oviedo. En 1791 se casa con  María del Carmen Meana, natural de la parroquia de San Tirso de la misma ciudad. La madre era hija del escultor José Bernardo de la Meana y Eulalia de la Granda. Ambos progenitores pertenecían a familias nobles, como afirma el propio Benito en una de sus relaciones de méritos: es hijo-dalgo por todas las líneas de sus cuatro abuelos, con los nobles apellidos de García Casielles, Fernández Folgueras, Meana, y Granda. El matrimonio tuvo, al menos, otros tres hijos: Cipriano, presumiblemente el mayor, Águeda y Juana.

Como afirma El Españolito, en 1812, con catorce años, empieza sus estudios en la Universidad de Oviedo, en la que se acababan de restablecer las enseñanzas tras la invasión de las tropas francesas. Benito obtuvo en todas las asignaturas que cursó las más altas calificaciones y la sólida formación clásica que recibió queda patente en la erudición que despliega en sus escritos. De estos años universitarios conservamos un Discurso leído en la cátedra de retórica de esta Universidad Literaria de Oviedo, por un alumno de ella, el martes 21 de mayo de 1822. Durante el curso académico 1822-1823 ocupó la cátedra de Literatura e Historia, de la que cesó por la reacción política que sobrevino, que no fue otra que el fin del trienio liberal y el comienzo de la llamada década ominosa y la restauración del absolutismo.

Tras licenciarse, ingresa en el Colegio de Abogados de Oviedo el 6 de abril de 1822 y, desde ese año hasta el de 1828, egerció [sic] esta profesión en la insinuada capital con estudio abierto, siendo elegido Juez Noble segundo de la ciudad de Oviedo en 1825.

El 19 de julio de 1826 se casa, en Madrid, con Isabel Hevia Miranda, hija de José de Hevia Miranda y Francisca Merrick, cuya historia os hemos contado en Un matrimonio por amor. Es el propio Benito quien nos proporciona, en Casa de Hevia en Loriana: es libro de apuntes o memorias sobre los bienes que posee doña Isabel Hevia en la Parroquia de Lloriana y demás, con otros particulares de su autor (manuscrito, archivo personal de Paloma M. Casielles), interesantes datos biográficos:

El día diez y nueve de julio de mil ochocientos veintiséis, contraje matrimonio en la Iglesia Parroquial de San Martín de Madrid con doña Isabel Hevia Miranda, poseedora de los bienes sobre que trata con especialidad este libro. Era mi edad la de veintiocho años y treinta y uno la de ella. (…)
Antes de aquella época estaba yo domiciliado en Oviedo en compañía y bajo la potestad de mis padres ejerciendo mi profesión de abogado después de haber sido Juez Noble el año anterior en la ciudad expresada. Se hallaba también en ella mi mujer con su señora madre, más como manifestase deseos de contraer dicho enlace en la Corte, bien fuese por natural inclinación al pueblo donde se había criado, o por solicitar de cerca la perpetuidad de una pensión de doscientos ducados anuales que gozaba por el Rey sobre el fondo de Cruzada, salimos los tres de Oviedo con aquel objeto el día diez y siete de abril del recordado año ochocientos veintiséis, y llegamos a Madrid el veintiséis por la tarde. Permanecieron ellas en su casa número 9 calle de Amaniel y yo en mi posada Postigo de San Martín número 5 frente a la calle de la Sartén, hasta la celebración del matrimonio en que yo me trasladé a su compañía.
Mi mujer no ha aportado cantidad alguna de maravedís a la sociedad conyugal, antes ni después de contraída; como que yo he suplido todos los gastos que con aquel motivo se hicieron inclusa la manutención sucesiva, hasta que se empezaron a percibir las rentas que posee y que arroja el estado número 3.
Con fecha 24 de febrero del siguiente año de ochocientos veintisiete nos nació un niño que fue bautizado el 28 en dicha parroquia de San Martín de Madrid con el nombre de Cesáreo Modesto Benito.
Permanecimos en la Corte hasta el 21 de mayo en que salimos para Oviedo y llegamos a esta ciudad el 31 del mismo. Nos hospedamos en casa de mis padres donde hemos permanecido algunos días, pasados los cuales nos trasladamos a pasar el verano en la aldea y casa de Lloriana, tanto por hallarse entonces arrendada la de Oviedo, como porque tenía yo deseos de observar de cerca aquellos bienes. 

Cuando redacta estas líneas, era Benito aún ajeno a la pena que les esperaba, pues, el hijo y heredero fallece el 9 de junio de 1829, con tan solo dos años de vida. Testimonio del dolor que provocó en Benito la pérdida es la elegía, A mi desgracia, en la muerte del hijo único, fechada el 11 de julio de ese mismo año en Curiel, Valladolid, donde acaba de ser nombrado Alcalde mayor, el equivalente a juez de primera instancia, cargo que ocupó hasta 1833.

La mayor parte de la producción poética de Benito Casielles Meana está fechada durante estos años de Curiel y predominan en ella temas y formas clasicistas, como la oda “Sobre la vanidad de la Corte y preferencia del campo”, aunque ya en la sátira “Llegara ya la noche: ya el ganado” se perciben algunas características que anuncian el romanticismo.

Tras cesar en Curiel y a la espera de nuevo destino, Benito e Isabel viven en un Madrid convulso: en septiembre de 1833 muere Fernando VII y comienza el conflicto sucesorio que desemboca en la primera guerra carlista. Además, desde enero de 1833, España y toda Europa fueron azotadas por una epidemia de cólera que duró dos años y causó gran mortandad. La enfermedad llegó a Madrid en junio de 1834 generando enorme alarma en la población que se sintió desamparada cuando la reina y el gobierno abandonaron la ciudad para protegerse de la enfermedad en el palacio de La Granja en Segovia. Si añadimos a esto el calor del verano, la escasez de alimentos, las malas noticias que llegaban de la guerra, y los disturbios que desembocaron en la matanza de frailes de Madrid de 1834, no resulta extraña la decisión de nuestra pareja de regresar a Asturias. Con todo, Isabel estaba ya contagiada y, según relata el propio Benito, falleció del cólera-morbo en la villa de Galapagar viniendo de Madrid a Oviedo, el día 23 de julio de 1834, a las tres de la madrugada.

En septiembre de 1834, Benito, con treinta y seis años, se incorpora a su nuevo destino: el juzgado de primera instrucción de Pravia.

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