Ecos de Pravia

Un sitio para divulgar curiosidades y noticias del pasado reciente del concejo de Pravia.


Deja un comentario

El núcleo indiano de Somao y III

No es el Concejo de Pravia de los menos favorecidos por ellos [los americanos] y cumplimos un deber de justicia colocándolos al lado de los hombres que han figurado y figuran en el terreno del saber, pues si la gloria de éstos alcanza al pueblo en que nacieron, al bienestar y al progreso del pueblo contribuyen también los americanos.
Allá por el año 1840 abundaban en Asturias las casas cubiertas de hiedra, elevándose sus almenadas torres señoriales sobre las pobres viviendas de aldea. Hoy, gracias a esos americanos, que algunos tanto desprecian, los corrales se convierten en palacios y las torres vienen al suelo para construir sobre sus ruinas hermosos edificios y fábricas importantes. Las poblaciones crecen, reviven las industrias, y el dinero de los americanos, si algunas veces se emplea en “tabacos” y “amortizable”, que rinden cómodo y productivo interés a sus dueños, también se distribuye muchas veces en jornales que alivian la situación del obrero.”

(Revista Asturias, Juan Bances Conde, publicado en 1898)

Sigue leyendo


Deja un comentario

El núcleo indiano de Somao I

Sólo me toca señalar desde lejos esta opinión tiempo hace en mí formada, para justificar el sincero entusiasmo que me infundió hallar en Asturias una raza de hombres capaces de intervenir en la vida contemporánea sin perder la solidaridad del espíritu con el campo nativo. «Este vuelve tan vaquero como se fue», oía yo decir en un colmado de Pravia a cierto comensal mientras designaba a un mozancón cuadrado y recio, de jocundo semblante pueril y, según las trazas, recién desembarcado de América. Estos hombres que vuelven tan vaqueros, en el fondo, como el día que partieron, son los que están haciendo en Asturias –sin retórica, sin tópicos sonoros, sin gesticulaciones, sin vanidades– un pueblo apto para realizar aquel «mínimum» de modernidad que es imprescindible para flotar sobre la corriente de los tiempos. ¡El valle, el valle húmedo, liento, con sus castaños densos en las laderas y sus vacas rubias que mugen en el prado, con su hórreo peraltado sobre cuatro espigones y la casina pintada de añil y sangre de toro! Y junto a ella –no en la ciudad, junto al gobierno civil– la villa espléndida del emigrante que un día se fue y otro volvió, lo mismo que en los cuentos.

El espectador, José Ortega y Gasset, 1916

 

Sigue leyendo