Ecos de Pravia

Un sitio para divulgar curiosidades y noticias del pasado reciente del concejo de Pravia.


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De malas costumbres a finales del siglo XVIII

El cura párroco de Riberas, Pedro Fernández Arango, nos deja testimonio, en respuesta fechada el 8 de diciembre de 1791, al interrogatorio del entonces Juez Noble del concejo de Pravia, José de Salas Navia y Arango, preocupado por la observanza de la ley santa de Dios, veneración y respeto de sus templos y reforma en la relajación de costumbres de nuestros súbditos, de algunos aspectos de la vida cotidiana de los pravianos de finales del siglo XVIII.

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El mercado de ganado en Pravia

El ganado bovino era uno de los activos económicos más importantes del concejo con salida comercial a través del matadero municipal, que en los años treinta sacrificaba más de mil reses al año, y de las industrias lácteas del concejo: de Corias y de Peñaullán. Cada jueves los animales tenían su espacio de mercadeo; las vacas se ubicaban en la Plaza las Consistoriales, lugar que a principios del siglo XX se quedaba pequeño para el volumen de animales que acudían. Las reses desbordaban los límites del recinto y se extendían por las calles colindantes, Don Silo y Príncipe, causando verdaderos problemas a vecinos y viandantes. Los accidentes sufridos a causa de “varetazos” perdidos propinados por los ganaderos eran relativamente habituales. Más problemático era el mercado de porcino; su situación, en la explanada de la Colegiata causó no poco escándalo, pues, para los burgueses vecinos de la villa que los cerdos estuvieran en las inmediaciones de la entrada del templo parroquial era casi una “profanación”. Las presiones hicieron que los cerdos se trasladaran finalmente a las inmediaciones del lavadero del Güeyo, unas decenas de metros por detrás de la Colegiata, junto al espacio que en los años treinta ocuparían las escuelas graduadas de la villa.

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El mercado de los jueves

El mercado semanal era, además de espacio de compra-venta, también lugar de encuentro donde los labradores acudían religiosamente, cada jueves por la mañana, organizando su vida y su ciclo semanal en torno a este día. Un claro ejemplo de la naturaleza de los jueves en el ciclo semanal es el caso de las reuniones del consistorio, que solían celebrarse los sábados para evitar la asistencia de los concejales opositores de la minoría agraria, que solo podían acudir los jueves a la villa, ya que el resto de la semana estaban ocupados en labores agrícolas . En el mercado se encontraban, se informaban de noticias del campo y de la vida, de nuevos productos, de precios, de problemas, etc., en definitiva, era un centro económico e informativo, además de un lugar de relación social donde los jóvenes tenían un espacio y un tiempo preestablecidos para cortejar o informarse de los estados sentimentales de sus pretendidos y pretendidas.

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