
«La Aurora Social», 8 de mayo de 1903
El Primero de mayo aparece como reivindicación laboral por primera vez en 1886 en los Estados Unidos, donde los obreros anarquistas convocaron, para ese día, manifestaciones en pro de la jornada laboral de ocho horas. En 1889, el Congreso Internacional Obrero de tendencia socialista reunido en París acordó que el 1.º de mayo fuese celebrado por los obreros del mundo como fiesta del trabajo y de la paz, enfocando la fiesta reivindicativa a la petición de la jornada laboral de ocho horas. En origen, fue una celebración cargada de tensión, pero, poco tiempo después se convirtió en algo festivo, además de reivindicativo.

El 21 de febrero de 1887 la colegiata quedaba reducida de manera permanente a la categoría de iglesia parroquial estableciéndose la parroquia de San Andrés. La consecución de la nueva parroquia se debió a la buena voluntad de Sabino Moutas y a la buena predisposición y entendimiento con el ayuntamiento y el párroco.
Fernando Ignacio Arango, aparte de dotar de alhajas a su colegiata, donó una lámpara y candeleros a la iglesia de San andrés, parroquia de Pravia. Un documento datado en 1772 habla de la idea de grabar una inscripción para que constara el nombre del Ilustrísimo Señor Obispo de Tuy por haber dado la lámpara y los candeleros. Otro documento datado en 1773, atestigua la donación de Fernando Ignacio Arango de dos lámparas, una para el Santísimo Sacramento y otra para Nuestra Señora del Rosario en la iglesia de San Andrés, y una cruz, varios ciriales, un incensiario y una naveta para la cofradía de la Ánimas, fundada en la misma iglesia. También donó a la parroquia un cofre de plata para custodiar la sagrada forma en el Jueves Santo, que pesaba 45 onzas y media (1.308 g). A través de dichas donaciones, se observa la atención y cuidado que el fundador de la colegiata de Pravia tenía hacia la iglesia parroquial, motivada por la propia devoción, y quizá para evitar envidias hacia la nueva obra fundada por él, que, aun siendo vice-parroquia, superaba con creces las dimensiones del templo parroquial. (Yayoi Kawamura,»Colegiata de Pravia: magnificencia de las alhajas de procedencia virreinal peruana», en AEA, LXXVII, 2004, 307, pp. 281-290).
La historia de la Colegiata de Pravia está indisolublemente ligada a la figura de su fundador, Fernando Ignacio Arango Queipo, bautizado en Pravia el 17 de marzo de 1673 y fallecido en Tuy el mismo día de 1745. Hijo de Fernando Arango Inclán, de familia hidalga, y de Catalina Queipo de Llano, perteneciente al famoso linaje de Cangas del Narcea. Como era habitual entre los segundones de las familias nobles, el primogénito y heredero era su hermano Bartolomé, Fernando Ignacio podía escoger entre seguir la carrera militar o la eclesiástica. Quizás por tradición familiar, se decantó por los hábitos, bajo la tutela de su poderoso linaje, y en especial de su tío Juan Queipo de Llano Valdés, obispo de La Paz y arzobispo de Charcas, en el Virreinato del Perú.