Ecos de Pravia

Un sitio para divulgar curiosidades y noticias del pasado reciente del concejo de Pravia.


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Los tesoros de Doña Palla

Son numerosísimas las leyendas y tradiciones orales que hablan de tesoros, ayalgas o chalgas, enterrados y frecuentemente relacionados con los moros o mouros que los escondieron en su precipitada huida de territorio asturiano tras la mítica victoria de Pelayo en Covadonga. El castro de Doña Palla no fue en absoluto ajeno a este fenómeno y tenemos noticia de varios chalgueiros, buscadores de tesoros, en esta zona.

Los chalgueiros se valían de las llamadas gacetas o gacepas, según Juan Menéndez Pidal (Colección de viejos romances que se cantan por los asturianos en la danza prima, esfoyazas y filandones recogidos directamente de boca del pueblo, Madrid, 1885) «Gacetas» o «Gacepas» llama el pueblo en Asturias a estas escrituras fingidas que contienen las noticias de tesoros ocultos. Ignoramos quién pueda ocuparse en hacer tales documentos apreciadísimos por la gente crédula; que dice proceden del Archivo de Simancas, y suelen traerlas consigo los segadores cuando vuelven de su penosa excursión. (…) una de esas «Gacetas» (que, no sin grandes dificultades, hemos podido arrancar a su poseedor), porque en ella se revelan el gusto oriental que tan hondas raíces ha echado entre el vulgo, y una de las leyendas por él más admitidas, cual es la de los moros encantados.

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Del nombre de Peñaullán

El lugar de «Penaullán» o Peñaullán, como se decía antiguamente, está situado casi en lo llano, al nivel de la grande vega de su nombre; pero tan metida la mayor parte de él debajo de la ladera del norte del pico Mirabeche, que en los meses más rigurosos del año no ve el sol en todo el día. (…) Ya se infiere de lo dicho, que la cordillera de sierra llamada Mirabeche corre este a oeste por sobre el lugar de «Penaullán», teniendo su entero descenso con este último punto, y remata con el peñón de San Fabián dentro de la madre del río Nalón; que por eso y por el ruido, que en él hacía para rebosarle en otro tiempo, dio motivo a que el lugar inmediato se llamase de Peñaullán; hoy casi todos dicen «Penaullán»; (…) aullar y «ullar» significa un ruido sordo, o voz desapacible; y así oímos cada día, aúlla el mar, y aún también que aúllan perros y lobos.  (Noticias históricas del concejo de Pravia, Antonio Juan de Bances y Valdés, edición de Carlos Romero, 2010)

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El mercado de los jueves

El mercado semanal era, además de espacio de compra-venta, también lugar de encuentro donde los labradores acudían religiosamente, cada jueves por la mañana, organizando su vida y su ciclo semanal en torno a este día. Un claro ejemplo de la naturaleza de los jueves en el ciclo semanal es el caso de las reuniones del consistorio, que solían celebrarse los sábados para evitar la asistencia de los concejales opositores de la minoría agraria, que solo podían acudir los jueves a la villa, ya que el resto de la semana estaban ocupados en labores agrícolas . En el mercado se encontraban, se informaban de noticias del campo y de la vida, de nuevos productos, de precios, de problemas, etc., en definitiva, era un centro económico e informativo, además de un lugar de relación social donde los jóvenes tenían un espacio y un tiempo preestablecidos para cortejar o informarse de los estados sentimentales de sus pretendidos y pretendidas.

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El Aranguín

El río Aranguín, riachuelo chico, según las respuestas al interrogatorio de Tomás López, nace en el concejo de Salas y atraviesa el de Pravia, por el valle de Arango hasta unir sus aguas con el Nalón en Agones. En el diccionario de Madoz, de mediados del siglo XIX, se nos cuenta que nace (…) en las brañas de Vaderrodeyro, parroquia de Santa Eulalia de Mallecina, y de Gallinero, en la de san Juan de Malleza, ambas del ayuntamiento de Salas, a la caída del Campo Cerezal y montañas que dividen este concejo del de Valdés; pasa por la feligresía de San Miguel de Cordovero y Santa María de Folgueras, en donde, al sitio llamado la Calzada, hay un puentecillo de madera; y siguiendo el curso entra en el partido judicial de Pravia por el lugar de Travesedo a Puente-Vega [sic], donde se encuentra un puente de piedra de un arco, concluido en 1843; continúa su marcha bañando al valle de Arango y a las parroquias de San Martín y Allence, del ayuntamiento de Pravia, en las que hay algunos puentes para el servicio de los vecinos; prosigue por el lugar de Cañedo, donde le cruza un puente de madera con tres ojos, sostenido por pilastras de piedra, entra en el término de Agones, y dejando la población a su margen izquierda, pasa por debajo del puente de piedra, de un solo arco, que se halla en el camino real que va desde Pravia, y entrega sus aguas al Nalón, un poco más abajo de esta vecindad. El río Aranguín, en su tortuoso curso fertiliza diferentes prados, a pesar de su escasez de agua, especialmente en verano. Producción: bastantes truchas, aunque muy inferiores a las que se pescan en el río Nalón.

 

 

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Laguna de la Vega de Peñaullán

En 1805, escribe Antonio Juan de Bances y Valdés, en sus Noticias históricas del concejo de Pravia (ed. de Carlos Romero, 2010) que El cuarto de la Meruca comprende las mayores y mejores vegas de Asturias; las que se forman de revueltas, que hace el río Nalón, quien aún las deshace cuando se le antoja, en grave perjuicio de los propietarios. En mi tiempo sucedieron mudanzas asombrosas; y en todas sus excavaciones se registra que ya en otro tiempo corría el río por todo lo que es planice; soto, «dosal», isla o ensenada de monte a monte como dicen; a no ser que se terraplenase con las avenidas; (…) Estas vegas se llaman de Beifar, de Peñaullán, de Riberas, y de Pravia. Además, hay la ensenada de La Robla, el «dosal» de La Candana y el de El Queso; la isla de Santianes, y una larga tirantez de ancha orilla, desde La Bimera a El Porral. «Dosal» es nombre que se toma aquí por terreno, que separó el río del continente de la vega por algún tiempo, y después se volvió a unir con éste, dejando el nombre de isla, y tomando el de «dosal».

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Ensanche de la calle de San Antonio

La primera noticia que tenemos del ensanche de la calle de San Antonio aparece en el decenario Pravia, el 20 de mayo de 1925, en un artículo titulado “Una conversación interesante”: Un amigo nuestro, que además de ser persona culta, reúne las bellas cualidades de ser un trabajador activo y un praviano de corazón, nos invitó el otro día a tomar las once en casa de Adelaida, donde se despachan las tan riquísimas rosquillas rellenas, que son especialidad de la casa, y como nosotros somos finos y atentos y nos gustan las llambiadas, aceptamos el obsequio, aparte del placer de saborear la hojaldre, por escuchar de labios de nuestro convecino, los proyectos, que desde hace tiempo acaricia. 
Sentados frente a frente dimos fin a una bandeja de rellenas y comienzo a nuestra conversación… 
Varios son los proyectos que tiene en cartera este praviano, tan amante de su pueblo. (…)
Tercero: ensanche, dos metros, de la calle de San Antonio desde la plaza, retirando las casas que hoy ocupan la Banca de Andrés Álvarez Prada, el León de Oro, Hospital y Capilla de San Antonio, haciendo donde hoy es el Fielato, la Gran Plaza que a gritos está pidiendo aquella barriada. (…)
Pravia necesita a todo trance estas reformas. El movimiento que hoy tiene la villa es inusitado; es excesivo, para como están hoy sus vías.
Esa calle de San Antonio es un continuo peligro para el viandante. Dos coches, pasan malamente. 
No tenemos más que una acera; y frente a la Capilla, está el desnivel que tiene el pavimento que es milagroso que no haya más desgracias.

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El órgano barroco de la Colegiata de Pravia

El primer testimonio escrito sobre un órgano en la Colegiata lo encontramos en el inventario de bienes confeccionado con motivo del nombramiento del presbítero Manuel del Rosal como sacristán mayor de la misma. El documento está fechado el 21 de octubre de 1749 y dice textualmente: Item, el órgano realesco, grande, sus cuartos y media de entonación, con su caja sobredorada y Registros, todo nuevo, con sus puertas y Balconería pintadas. Pero no es éste el que escuchamos hoy. Según el informe de la última restauración, el coetáneo a la construcción de la Colegiata se encontraba en tan mal estado que se decide hacer uno nuevo. El encargo recayó en el fraile franciscano Felipe de la Peña, en 1780, según consta en una inscripción situada en el arca de viento del órgano, lugar habitual para la “firma” de los organeros.

 

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