Ecos de Pravia

Un sitio para divulgar curiosidades y noticias del pasado reciente del concejo de Pravia.


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Benito García Casielles Meana: primeros años y juventud

La noticia más completa sobre Benito García Casielles Meana nos la ofrece Constantino Suárez Fernández, El Españolito, en Escritores y artistas asturianos: Magistrado y escritor de amplia cultura sobre temas jurídicos e históricos, que floreció en la primera mitad del siglo XIX. Nació en Oviedo el 21 de marzo de 1798, hijo de don Domingo de esos apellidos, que era administrador de Rentas Reales en la provincia, y de doña María del Carmen Meana y Granda.
Ingresó en la Facultad de Filosofía de la Universidad ovetense en 1812, y en ella obtuvo el grado de bachiller en esa disciplina tres años después. Cursó seguidamente los estudios de Jurisprudencia y alcanzó el grado de bachiller en Cánones y Leyes en 1818. Fue estudiante tan distinguido que, mientras proseguía esos estudios, de los que fue investido de licenciado en 1821, ejerció de profesor sustituto de Instituciones desde 1819, y prosiguió como tal hasta 1822. Posteriormente, y por espacio de un curso, tuvo a su cargo la cátedra de Literatura e Historia.
Ya licenciado, la Audiencia le declaró apto para ejercer la abogacía en agosto de 1821, y quedó incorporado al año siguiente al Colegio de Abogados ovetense. Actuó como abogado de pobres de 1823 al 24 y al año siguiente se le nombró juez noble de Oviedo, cargo en el que fue reelegido por otro año. Entonces (junio de 1926) fue recibido de abogado por los Reales Consejos. En el ejercicio de la abogacía permaneció hasta 1828 con crédito y prestigio crecientes, que le llevaron a desempeñar algunos otros cargos, mientras sus actividades de escritor sobre temas jurídicos e históricos y también como poeta, le dieron predicamento en las instituciones culturales ovetenses de esa época.
Dejó la ciudad natal en 1829 para ocupar el destino de alcalde mayor en el partido de Curiel (Valladolid), al que renunció en 1833 por motivos fundados en su estado de salud.

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7 de octubre de 1837: un episodio de la primera guerra carlista en Pravia

escaramuza inclan

Escenario del enfrentamiento entre carlistas y la Milicia Nacional de Pravia, 7 de octubre de 1837.

Si bien la guerra no había cesado en Asturias, ni la importancia de las partidas ni la de las acciones de guerra llaman la atención al historiador. Son, más que otra cosa, escaramuzas sostenidas por grupos poco numerosos contra pequeños destacamentos de milicianos o tropa. Lo que más se destaca en 1837, si dejamos aparte la caída en poder de los cristinos del Brigadier Valle, cuando pasaba de la provincia de Palencia a Asturias para tomar el mando de los asturianos y organizar la guerra, y la muerte del Comandante Réjula en la provincia de Santander, cuando iba a levantar fuerzas, (…) es un combate sostenido en el mes de agosto en Peñamellera por una pequeña partida, que tuvo corta vida. El 7 hubo un combate en Naraval entre otra partida y los nacionales de Onís. Otra partida, levantada en este mes por la parte de Pravia, tiene un combate en Inclán. (En Historia del tradicionalismo español, Melchor Ferrer, Domingo Tejera y José F. Acedo, 1941-1979, tomo XIII). También Rafael Lorenzo Antón en La primera guerra carlista en las Asturias de Tineo (Tineo, Asociación Cultural Conde de Campomanes, 2002) hace referencia al episodio de Inclán: Por los montes avilesinos y pravianos, también es notoria la aparición de pequeñas cuadrillas facciosas que asaltan y saquean esos municipios, aumentando y reuniéndose hasta crear una partida de cierta consideración que por su tamaño y la envergadura de sus acciones requiere la intervención del ejército provincial. Hay un fuerte encontronazo en Inclán (Pravia), favorable a los leales cristinos, desplazándose los rebeldes hacia el centro occidente. En el Archivo Histórico Municipal se conservan varias comunicaciones que nos permiten reconstruir lo sucedido los días 6 y 7 de octubre de 1837.

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Lorenzo Valdés Bango

Inscripción en el Padrón de 1815 de Santiago Valdés Bango y sus hijos, Archivo de la Casa Nueva del Campo de Pravia.

Inscripción en el Padrón de 1815 de Santiago Valdés Bango y sus hijos, Archivo de la Casa Nueva del Campo de Pravia.

Comandante de la Guardia Nacional de Pravia. Con una compañía de 53 milicianos, acude al llamamiento que se hace en la capital del distrito de Salas donde se concentran las fuerzas de seguridad y de nacionales de todo el occidente para reforzar la defensa de esta villa ante la llegada de la expedición de Sanz en octubre de 1836. Aquí permanecerá dos días después a la espera de la división liberal que perseguía al general carlista. Esto nos cuenta Rafael Lorenzo Antón en La primera guerra carlista en las Asturias de Tineo (Tineo, Asociación Cultural Conde de Campomanes, 2002) al hablar de Lorenzo Valdés Bango, uno de los hijos más notables de Pravia.

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Un matrimonio por amor

En la obra Nobleza y poder en la Asturias del Antiguo Régimen, de M.ª Ángeles Faya Díaz y Lidia Anes Fernández (KRK, 2007), leemos, que la política matrimonial seguida por la nobleza asturiana, como en el resto de España, tiende a ampliar las redes de influencia de la familia, a consolidar los mayorazgos y a engrandecer el patrimonio familiar, es decir, el matrimonio era, en esta época, una forma de “gestionar la empresa familiar”. Pero no siempre las cosas se desarrollaban según los intereses familiares, como sospechamos sucedió en el caso de don José de Hevia Miranda.

 

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Romance para cantar los urbanos de Pravia…

Romance para cantar los  urbanos de Pravia en danza prima el dia 24 de julio de 1835, por ser el de la Reyna Governadora [sic] a quien lo dedica su autor es el título que encabeza este largo poema, inédito, que os mostramos. La Reyna Governadora es María Cristina de Borbón, madre de Isabel II, y el poema una alabanza a los defensores de Bilbao, durante el sitio que se produjo entre 10 de junio y el 1 de julio de 1835,  en el marco de la primera guerra carlista.

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Codicilo de Fernando de Miranda, “el degollado”

 

En el Archivo de la Casa Nueva del Campo de Pravia se conserva un documento muy interesante. Se trata de un codicilo, documento de últimas voluntades, que firma Fernando de Miranda, preso en la cárcel de Pravia, el 15 de septiembre de 1642. Es Antonio Juan de Bances y Valdés, en las Noticias históricas del concejo de Pravia (ed. de Carlos Romero, p. 211) y al hablar del coto de Villavaler, quien nos da una pista más sobre este personaje:

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En mí no cabe partida ninguna mala

Los días 22, 24, 25, 26 y 27 de octubre se celebraron las XIX Jornadas Literarias, XVII en Pravia, dedicadas este 2019 a “Literatura: tradición y oralidad”. Como es tradicional, intervino en la inauguración nuestro Cronista Oficial, el escritor Pepe Monteserín, con un precioso y erudito texto sobre la universal tonada La praviana, titulado En mi no cabe partida mala. Agradecemos que nos haya permitido reproducirlo aquí y el audio de su madre, Luisa Corrales Aguirre, casi cien años, cantándola.

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De embarazos vergonzantes y otros desórdenes

Dionisio Fierros, “Salida de misa en una aldea de Santiago”, 1862.

Hasta hace muy poco, la diferencia entre lo público y lo privado era casi inexistente. Entre las competencias de las autoridades civiles y eclesiásticas, alcaldes, pedáneos y párrocos, se encontraba la vigilancia y seguimiento de altercados y riñas, relaciones entre marido y mujer, amancebamientos y amistades carnales, y especialmente, el fruto de ellas. La correspondencia generada entre dichas autoridades nos permite conocer algunos aspectos de la vida íntima de nuestros antepasados.

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Antes que América, fue Madrid

El norte de la península ibérica ha sido foco habitual de grandes éxodos de población. Al menos desde el siglo XVI era común la figura del campesino despidiéndose de su hogar y familia para encaminarse hacia territorios lejanos. En Asturias serán los habitantes de las comarcas interiores los más propensos a abandonar su tierra, muy en particular los residentes en los pueblos más occidentales. Varias son las causas que explican tal marcha. Sobre el campesinado asturiano pesaron circunstancias tales como la no propiedad de las tierras que trabajaban, para cuya explotación tenían que pagar además rentas excesivas; la pobreza del suelo, combatida con técnicas agrícolas arcaicas; la hostilidad de la topografía, con limitados terrenos para el cultivo y abundancia de tierras altas, pastos de montaña y posiciones geográficas que condenaban al aislamiento; y un débil movimiento industrial, con graves carencias en materias alimentarias básicas. Cabe encuadrar también dentro de dichas causas la alta densidad de población y, en otro plano, el carácter emprendedor de un pueblo que apenas consideraba la marcha como un camino lleno de obstáculos y sinsabores; actitud comprensible si pensamos en las pésimas condiciones que dejaban atrás, como maratonianas jornadas de trabajo, hacinamiento en hogares infrahumanos, cuadras y estercoleros próximos origen de toda clase de infecciones y una desoladora situación económica. La esterilidad del suelo, en combinación con las excesivas lluvias, favorecía los años de continuas malas cosechas. Entre tanta penuria, y en medio de aquellas grandes montañas, los campesinos asturianos se sentían abandonados a su suerte. 

Asturianos en Madrid: los oficios de las clases populares, siglos XVI-XX, Juan Jiménez Mancha, Gijón, Museo del Pueblo de Asturias, 2007, p.11.

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