En suma, una potente naturaleza que, sin embargo, no se nos presenta hoy como el resultado de la mera acción de los elementos naturales, sino de la transformación e interacción antrópica. El paisaje es el resultado de ese modelado mediante el trabajo. Y la expresión final de la intervención humana y social sobre el espacio, mediante la ordenación e institucionalización de límites y atribuciones (jurisdicciones político-administrativas, militares, económicas, religiosas…) es lo que entendemos y percibimos como territorios. Así es como se han ido construyendo y modificando, a lo largo de la historia, los diferentes «mapas» territoriales, desde la escala local a la estatal. De forma cambiante, y en función del tipo de jurisdicciones, los entes y poderes con capacidad para ello han ido perfilando y diseñando los diversos tipos de territorios: provincias, conventos jurídicos y municipios, en época romana, posteriormente, en tiempos medievales, reinos, provincias, condados, mandaciones o comisos, alfoces y municipios, valles, tierras o términos, diócesis, arciprestazgos, parroquias…, componiendo una complicada trama en la que no sólo se yuxtaponen, sino también se superponen y se suceden las distintas competencias y atribuciones. (José Avelino Gutiérrez González, «La formación del territorio de Asturias en el período de la monarquía asturiana»)

La sección delegada mixta del Instituto de Avilés de Pravia no colmaba las aspiraciones de la sociedad praviana, que siguió reclamando un Instituto para el concejo. Las circunstancias que rodearon la batalla, que coincidió con el cese como Alcalde de Luis Fernández Monteserín y la toma de posesión de Manuel López de la Torre, en diciembre de 1968, por conseguirlo están contadas por uno de sus protagonistas, Luis Álvarez Fernández, en Historias por debajo de la historia, editado por la Fundación José Barreiro en 2001.