
Toneles de sidra de la antigua factoría sidrera de la familia Arias en Corias.
En 1848, Antonio Arias y su segunda esposa, Carmen Fernández, crearon en una cuadra anexa a su casa, en el barrio del Rebolledo del pueblo de Corias, Mantequerías Arias, la empresa llamada a ser la gran industria concejil durante décadas. A finales del siglo XIX Carmen Fernández propuso trasladar, en 1902, el negocio a un nuevo lugar en el mismo pueblo, construyéndose una verdadera fábrica de 3.675 metros cuadrados y cuya estructura todavía es observable hoy desde la carretera que une Pravia y Cornellana. Esta nueva factoría albergaba las oficinas y almacén en la planta alta, las instalaciones de producción de manteca y sidra achampanada en la planta intermedia y la bodega en la planta baja. En las dependencias originales de la casa familiar se mantuvo la elaboración de conservas de salmón y trucha, almacenes, lavadero y una escuela particular para los hijos de la familia.
Extracto de la tesis doctoral (inédita) de Cristian Rangel Valdés, Pravia y su concejo en el primer tercio del siglo XX. Historia de la evolución política, poblacional, económica y social del concejo de Pravia en su tránsito del siglo XIX al XX.





El mercado semanal era, además de espacio de compra-venta, también lugar de encuentro donde los labradores acudían religiosamente, cada jueves por la mañana, organizando su vida y su ciclo semanal en torno a este día. Un claro ejemplo de la naturaleza de los jueves en el ciclo semanal es el caso de las reuniones del consistorio, que solían celebrarse los sábados para evitar la asistencia de los concejales opositores de la minoría agraria, que solo podían acudir los jueves a la villa, ya que el resto de la semana estaban ocupados en labores agrícolas . En el mercado se encontraban, se informaban de noticias del campo y de la vida, de nuevos productos, de precios, de problemas, etc., en definitiva, era un centro económico e informativo, además de un lugar de relación social donde los jóvenes tenían un espacio y un tiempo preestablecidos para cortejar o informarse de los estados sentimentales de sus pretendidos y pretendidas.
En Cañedo, perdura el último vestigio de la otrora industria más numerosa del concejo, el molino de La Veiga. En otros tiempos, allí donde había un curso de agua vigoroso se instalaba un molino. Rastrear su origen es una tarea muy complicada pues se remontan a la época de la introducción de la agricultura cerealística, actividad que fue la base de la economía de nuestro concejo hasta la segunda mitad del siglo XX. Baste decir que el Diccionario de Madoz, publicado entre 1845 y 1850, señala que la industria más generaliza en el part. es la agrícola y molinos harineros.
Pocos comentarios necesita esta denuncia, conservada en el Archivo Histórico Municipal, de un intento de poner en circulación billetes falsos de 100 dólares. Está fechada el 13 de enero de 1922 y firmada por el cabo de la Guardia Municipal y Serenos, Jesús Pérez Polledo. Es un poco larga, pero merece la pena, porque es casi de película, con persecución incluida.