Los manantiales que actualmente abastecen a Pravia son los siguientes: El denominado fuente del Güeyo, situado en el extremo oeste de la villa, que tiene su nacimiento en la estribación de la montaña llamada de Cueto, formada por roca caliza en cuyas estratificaciones discurren las aguas en bastante cantidad viniendo a reunirse para salir por la citada fuente. Por su pequeña altura respecto a la situación de la mayor parte de las casas, no podría ser aprovechado, a menos de una elevación, siempre costosa y de explotación delicada, más que para el servicio de las calles de San Antonio, cruce de la carretera de Grullos a Pravia, y desde este punto la carretera que va a Somado y a la calle de la Industria, antes calle de la Cuesta. En la actualidad vienen conducidas por una tubería de gres hasta la Plaza de la Reina Regente, en donde se construyó una fuente con varios caños que vierten las aguas en un abrevadero; existe también una derivación que lleva las aguas a un abrevadero y dos caños situados a la entrada de la calle de las Fuentes, al pie de la casa de Doña Concepción Prieto.
Proyecto de abastecimiento de aguas a la villa de Pravia (AHMP, 386/1)
Firmado en Gijón, el 31 de octubre de 1915, por el ingeniero de caminos Fernando de Laguardia.

El ganado bovino era uno de los activos económicos más importantes del concejo con salida comercial a través del matadero municipal, que en los años treinta sacrificaba más de mil reses al año, y de las industrias lácteas del concejo: de Corias y de Peñaullán. Cada jueves los animales tenían su espacio de mercadeo; las vacas se ubicaban en la Plaza las Consistoriales, lugar que a principios del siglo XX se quedaba pequeño para el volumen de animales que acudían. Las reses desbordaban los límites del recinto y se extendían por las calles colindantes, Don Silo y Príncipe, causando verdaderos problemas a vecinos y viandantes. Los accidentes sufridos a causa de “varetazos” perdidos propinados por los ganaderos eran relativamente habituales. Más problemático era el mercado de porcino; su situación, en la explanada de la Colegiata causó no poco escándalo, pues, para los burgueses vecinos de la villa que los cerdos estuvieran en las inmediaciones de la entrada del templo parroquial era casi una “profanación”. Las presiones hicieron que los cerdos se trasladaran finalmente a las inmediaciones del lavadero del Güeyo, unas decenas de metros por detrás de la Colegiata, junto al espacio que en los años treinta ocuparían las escuelas graduadas de la villa.
En 1954, cuatro años después de la inauguración de la Biblioteca Municipal, el bibliotecario, José Saavedra, como os anticipábamos al hablar de la labor de divulgación agrícola en el concejo, pudo satisfacer su afán de dar formación a los agricultores del concejo con la implementación de las bibliotecas viajeras.
Algún intento debió de hacer el primer ayuntamiento de la República, para solicitar la apertura de una biblioteca municipal a tenor del oficio que encontramos procedente de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para Bibliotecas Públicas, fechado el 29 de noviembre de 1932, denegando tal posibilidad «porque siendo la finalidad de estas Bibliotecas desarrollar la lectura entre los adultos así como la de Misiones Pedagógicas entre los niños, no convendría a los fines que persigue esta Junta la confusión de ambas Bibliotecas.» Cómo no encontramos la solicitud del Ayuntamiento, no sabemos si es que ya existía una biblioteca de Misiones, que pretendían abrir una municipal y otra de Misiones… En fin, que habrá que seguir investigando.

